Algunas masías del Berguedà han mantenido o recuperado su función productiva original, combinando la agricultura y ganadería con el agroturismo o la venta directa. Visitar estas masías productoras es una experiencia única que conecta directamente con el origen de los alimentos, mostrando de forma tangible de dónde viene lo que comemos. Es una lección de sostenibilidad, territorio y tradición.
La masía productora: tradición renovada
La masía (masia en catalán) ha sido durante siglos la unidad básica de producción agrícola en Cataluña. Cada masía era un pequeño mundo autosuficiente: tenía campos de cereal, huerto, viñas, olivos, bosque para leña, prados para el ganado, gallinero, pocilga. La familia que vivía en la masía producía prácticamente todo lo que necesitaba.
Con la industrialización del siglo XX, muchas masías se abandonaron: la gente se fue a trabajar a las fábricas de las ciudades, y los campos quedaron vacíos. Pero en las últimas décadas hemos asistido a un renacimiento: nuevas generaciones están volviendo al campo, recuperando masías abandonadas y apostando por una agricultura sostenible, a pequeña escala y de calidad.
En el Berguedà, algunas de estas masías combinan la producción con la venta directa o el agroturismo. Ofrecen a los visitantes la posibilidad de ver de cerca cómo se trabaja la tierra, cómo se cuida el ganado, cómo se elaboran los productos. Es una experiencia educativa, especialmente valiosa para niños urbanos que nunca han visto de dónde vienen los alimentos.
Qué productos podéis encontrar
Las masías productoras del Berguedà ofrecen una variedad de productos según su especialización:
Carne de ternera o cordero: De animales criados en prados de montaña, alimentados con pasto natural y sin hormonas ni antibióticos. La carne de animales criados en montaña tiene un sabor más intenso y una textura más firme que la carne industrial. Algunas masías venden la carne en paquetes congelados (es la forma de conservarla tras el sacrificio), otras la llevan fresca al mercado.
Queso de masía: Elaborado con leche fresca del propio rebaño, siguiendo métodos tradicionales. Puede ser de vaca, cabra u oveja según los animales que tenga la masía. Estos quesos artesanales tienen una variabilidad natural (cada lote es ligeramente diferente según la alimentación de los animales, la estación, etc.) que es parte de su encanto.
Embutidos artesanales: Longaniza, butifarra, chorizo, hechos en el obrador de la masía con carne de sus propios cerdos o de cerdos de productores vecinos. El proceso de elaboración sigue recetas familiares transmitidas durante generaciones.
Verdura ecológica: Muchas masías tienen huertos donde producen verdura sin pesticidas, con métodos tradicionales. Trabajan con variedades locales adaptadas al clima de montaña, a menudo semillas que conservan desde hace generaciones.
Huevos de corral: De gallinas que viven en libertad, picoteando por las eras de la masía. Los huevos tienen la yema de color naranja intenso (señal de una alimentación variada) y un sabor incomparable.
Visitar una masía productora
Muchas masías del Berguedà ofrecen visitas guiadas donde podéis ver todo el proceso de producción:
Una visita típica podría incluir:
- Paseo por los prados donde pastan los animales, con explicación sobre el pastoreo extensivo y rotativo.
- Visita al huerto, con explicación de las técnicas de agricultura ecológica: rotación de cultivos, abonos naturales, control biológico de plagas.
- Visita al obrador donde se elaboran los embutidos o el queso, viendo las herramientas tradicionales y el proceso de elaboración.
- Visita a las cámaras de curación donde los quesos o embutidos maduran durante semanas o meses.
- Degustación de los productos de la masía, a menudo con pan, vino y aceite para acompañar.
Algunas masías ofrecen experiencias más participativas:
- Jornadas de elaboración de queso: podéis participar en el cuajado de la leche, el moldeado y el salado del queso.
- Talleres de huerto: aprender técnicas de siembra, trasplante y cuidado de las plantas.
- Comidas de masía: comer en la propia masía, con un menú elaborado exclusivamente con productos de la finca.
Estas visitas suelen requerir reserva previa. Los precios varían según el tipo de visita, pero suelen estar entre 10-25 euros por persona. Las comidas pueden costar entre 25-40 euros por persona.
El valor de la conexión con el territorio
Visitar una masía productora no es solo una actividad turística: es una forma de entender la relación entre el territorio, el clima, las estaciones y la alimentación. Es ver de primera mano que la comida no viene del supermercado sino de la tierra, del trabajo diario, del cuidado paciente.
Para los niños que crecen en ciudades es una experiencia reveladora: ver vacas reales (no en fotos), tocar un tomate que aún está en la planta, coger un huevo del nido, ver cómo se ordeña una cabra. Son experiencias que construyen una relación sana con la comida.
Para los adultos es una oportunidad de reflexionar sobre nuestros hábitos de consumo: ¿de dónde viene lo que como?, ¿quién y cómo lo ha producido?, ¿qué impacto tiene mi compra? Conocer al productor, ver sus condiciones de trabajo, entender sus dificultades y satisfacciones, crea una conexión que cambia la forma de comprar y comer.
Desde La Tor de Montclar, podéis combinar fácilmente una visita a una masía productora con una ruta de senderismo por la zona o una visita a algún pueblo cercano. Es una forma de construir una jornada completa que combina naturaleza, cultura y gastronomía.
Y, por supuesto, después de la visita podéis comprar productos directamente al productor. Llevad una nevera portátil en el coche si queréis comprar carne o queso fresco. Los productos congelados o curados (embutidos, quesos curados) no necesitan refrigeración inmediata.
Información práctica
Primavera y verano (huertos productivos), todo el año para embutidos y queso
Masías productoras a 10-30 min
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Masía del siglo XV con piscina interior, ideal para grupos de hasta 20 personas
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